3X13 Waiting in the Wings

 



3X13 Waiting in the Wings



Written By: Joss Whedon
Directed By: Joss Whedon
Original on air: 04/02/2002


Resumen


Precioso capítulo de hechizo, que nos recuerda también a varios momentos de BTVS, por ejemplo a I Only Have Eyes For You o incluso a Something blue en la pasión desatada entre Cordelia y Angel.

Angel compra entradas para asistir a la representación de Giselle por el ballet Blinnikov, acto al que arrastra a regañadientes a sus compañeros, que no querían ir a ver semejante cosa. Una vez allí aparte de parecer entusiasmados (menos Cordelia, que se duerme) Angel nota que no solo se trata de la misma compañía y obra que él vio en 1890 y que le hizo llorar cuando aún era malo, es que se trata de la mima representación. Algo mágico está ocurriendo y él y Cordy se meten entre bambalinas para investigarlo.

Ahí descubren, en sus propias carnes, la trágica historia de amor de la prima ballerina, su amante con el que no se decide a marchar y la obsesión del director de la compañía que la embruja para que siempre baile para él y sólo para él, cada noche desde entonces.

En este episodio asistimos a las únicas escenas de amor de Cordelia y Angel de toda la temporada, preciosas, impresionante la buena pareja que hacen, u terriblemente injusto que al final, cuando Angel va a declararse a la joven, lo estropeen haciendo aparecer al Groosalug


 

Comentario


por Ehiztari

Pobre Wesley. Y pobre Angel. Pobres, pobrecitos los dos. ¿Por qué siempre los mejores tienen que sufrir tanto? ¿Es una ley cósmica o sólo un capricho del sádico de Whedon?

Suspiros aparte, estamos ante un gran capitulo que, además, supone un marcado giro en las relaciones entre los principales personajes de la temporada. Es el capítulo del ballet, un gran guión y sobre todo una delicada labor de manufactura que mima los detalles, las insinuaciones, los primeros planos, al ritmo cadencioso de los sentimientos que se van desplegando poco a poco y que, al final, se abren en una dirección inesperada.

Y en este sentido, me quedo con la imagen final de Wes, su infinita tristeza enmascarada por los gestos tan comedidos, su voz que apenas musita “No, nunca se sabe” al comentario casi trivial de Fred mientras contempla el sorprendente beso de Cordy y Groo y alude a que “estas cosas nunca se saben.” Wes, el derrotado del episodio (y probablemente de la temporada) está colosal. Vibramos con él en cada segundo, sentimos su ilusión, el temblor de su pasión callada, sonreímos con su nerviosismo y ansiamos que se atreva a dar el inminente paso adelante. Soñamos con él el momento mágico en que Fred le confiese que también lo ama y paladeamos de antemano la inmensa felicidad que le aguarda y que sin duda se merece.

Y luego, con él, asistimos a la brutal comprobación de que han sido sólo castillos en el aire. Que Fred no le ama a él, sino a Gunn. Y nos quedamos asistiendo a sus gestos paralizados, a la incertidumbre de si asumirá él la personalidad del vengador celoso (No, por supuesto) y si se convertirá en el peligro que aceche a los recientes enamorados. Al contrario, Wesley encaja su derrota en silencio, acomoda sus sentimientos bajo su mirada llena de tristeza y, como el perfecto caballero que Cordy ha visto en él, sigue adelante sin una queja, sin una palabra o un mal gesto, tragándose el dolor. Ay, Wes, sabes que a ti también te amo ¿verdad?

Y luego está Angel. No “luego” de menos importante o de menos frustrante. Simplemente “luego” de a continuación. A un nivel muy semejante de dolor y situación injusta y de ganas de coger a algún guionista (el propio Whedon en este episodio, creo) y hacerle sufrir todas las penas del Averno. Porque no hay derecho, señoras y señores. Pobre Angel. Paladín del bien, héroe ejemplar, jefe del escuálido ejército contra el Mal que constituyen los trabajadores de su Agencia, dedicado padre y... enamorado hasta las cachas de Cordelia. Angel, que considerándose exiliado para siempre de la felicidad, atisba otra vez, tras mucho tiempo, la posibilidad de una pareja, un afecto y una familia. Angel que no se lo quiere conceder a sí mismo, que casi ha renunciado y que, de pronto, alentado por las palabras de Lorne (igual que Wes lo había sido por las de Cordelia), no sólo se deja arrastrar al hechizo del amor, sino que, pasado el encantamiento, sabe que ha sido algo más que cuerpo para un espíritu amante, sabe que es él quien experimenta en sí sentimientos tan profundos. Y cuando él también se decide a abrir su corazón (con lo que le cuesta) y hablar de forma madura y sincera con Cordelia... justo entonces, aparece Groo, que no me cae mal el chaval, pero, ¡Dios!, qué inoportuno.

De todas formas, aunque nos moleste un montón, hay que reconocer que esos giros de las relaciones sentimentales son perfectamente coherentes con lo que estábamos viendo: la atracción de Gunn por Fred competía con la de Wesley desde muchos capítulos atrás y los dos movían la misma ficha al mismo tiempo (Incluso habíamos visto que Fred se compenetraba más con el pandillero). Sólo que nos habíamos fijado mucho más en el inglés. Por otra parte el desparpajo de Cordelia, demostraba que ella no estaba tan “afectada” como Angel, aunque lo achacáramos a su desenvoltura natural. O sea, que sí, es lógico, pero... también es tramposo. Me cabrea porque han jugado con nosotros, como de costumbre y, como de costumbre, hemos caído por enésima vez en la trampa. El guión, los primeros planos, el montaje...todo nos llevaba a identificarnos con Wes y Angel, que, además, son los héroes, son más “nuestros chicos”, y nos hacían esperar ilusamente en un desenlace satisfactorio para ellos. Como si esto fuera una serie normal, como si “tuviera que ser así” y no como habitualmente ocurre en el mundo real, como si alguna vez Whedon y sus panda de sádicos nos hubieran facilitado un “happy end” normalito y rosáceo. ¡Peste de guionistas y creadores!

A mí me da la sensación de que este episodio tiene algo especial, quizás por desarrollarse casi en su totalidad en el mundo cerrado y sugerente del teatro; más aún, del ballet. Su delicadeza y misterio contagia la historia y algunas imágenes especialmente bellas, como el final en que la bailarina hace un elegante saludo a su libertador Angel poco antes de disolverse en la nada. Los camerinos, los palcos, los trajes de gala (están todos guapísimos), todo contribuye a dar una estética especial al episodio. A ello se une la introspección psicológica, la demora en planos de detalle, los casi inapreciables matices de la voz o del gesto que van dibujando la otra historia del capítulo, la de las relaciones entre los personajes principales, que acabará siendo más importante que la trama fantástica.

Otro aspecto que me gusta un montón de este episodio es el compañerismo entre Cordelia y Wesley. (¡Qué pareja de amigos, por Dios!). Perfectos los dos. Cada uno, el polo el opuesto del otro, pero tan encantadores ambos: Cordy, alegre, animando a Wes a tomar la iniciativa y tomándole el pelo sobre cómo en tiempos pasados era ella la “única mujer en el mundo para él”. Wes haciéndole confidencias y fingiendo una oportuna y caballeresca sordera cuando Cordy tiene un desliz. Deliciosos.

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