1X21 Blind Date


1X21 Blind Date


Written By: Jeannine Renshaw
Directed By: Thomas J. Wright
Original on air: 16/05/2000



Resumen


Capítulo de impass antes del final, como suele ser costumbre.
Una asesina ciega bastante repugnante es encargada por Wolfram y Hart del asesinato de tres niños videntes también ciegos y repulsivos. El asunto desespera a Angel, que se plantea, imaginamos que por innumera vez porque no es tan novato en el mundo como para andar extrañándose ahora de cuánta mierda hay en él, de lo corrupto que está todo y de que no se puede ganar contra la gente como el bufete de abogados que lo controla todo. Entremedias asistimos al momento en el que Lindsay Mcdonald decide salirse de Wolfram y Hart, asqueado por el asunto de los niños, y acude a Angel para ofrecer su ayuda y la manera de salvar a los tres pequeños.

Entre todos consiguen infiltrarse, coger archivos secretos, y una vez en la cámara acorazada Angel además un rollo de pergamino que llama poderosa y místicamente su atención y que resultan ser unos antiguas profecías en arameo según indica Wesley, con todo un pasaje que habla del vampiro con alma: la profecía ShanShu.

Angel y Lindsay detiene a la asesina e impiden la matanza de los niños, que quedan a salvo con su cuidador. Atrapado entre la espada y la pared pero decidido a seguir su camino, al parecer, Lindsay tiene ante sí la que será la oportunidad de salir definitivamente del lado del mal. Pero en el último momento Holland Manners (que, tengo que decirlo, es increíble cómo se come con los ojos a su niño, vamos, qué bar-ba-ri-dad) le ofrece algo que Lindsay no va a ser capaz de rechazar: un espaldarazo de orgullo, un despacho más grande, y más poder. Y el chico de los segundos ojos azules más bonitos del buffyverso se queda con papá.




 

Comentario


por Ehiztari


La historia de una corrupción.

La trama de la asesina ciega que planea acabar con unos niños videntes, pschchá. El sofisticado robo de los archivos secretos de W & H, mejor. Sobre todo, por utilizar la inteligencia para burlar los sistemas de seguridad, como el original truco de que para que los chamanes no detecten a Angel, Gunn monta el numerito lanzando otro vampiro dentro de las instalaciones del bufete. Y, además, esto supone la primera incorporación del pandillero al grupo de Angel. Y que, así, como sin querer y por casualidad, Angel se hace con el texto de la profecía del sanshu.

Pero sobre todo, sobre todo, éste es el capítulo de Lindsey.

Lindsey McDonald es un personaje fascinante (su aspecto aniñado, su voz rota, su hermetismo), que siempre me ha sorprendido. Y, además, me parece que ha sido injustamente tratado por los guionistas. ¡Por favor, si estaba pidiendo a gritos la redención! Lindsey camina por el filo de la navaja y varias veces está a punto de caer del lado del bien. De hecho, lo hace en más de una ocasión, como en este episodio, pero al final, no acaba de salvarse. Falta de valor, supongo. O exceso de seducción por parte del poder. (Si estuviéramos en otra serie cualquiera, Lindsey acabaría junto a los buenos, pero Joss nunca nos ahorra incertidumbres y errores, y, probablemente, en la realidad, lo lógico es que Lindsey sea corrompido, como efectivamente le ocurre. Whedon nunca nos dará una verdad consoladora, no sé por qué aún la seguimos esperando)

Y el final de este capítulo, su magnífica parte final, trata de eso: de ahondar en la complejidad de este personaje y en la incertidumbre de su decisión. Lindsey es un niño pobre y humillado que se ha abierto camino dispuesto a pagar cualquier precio para no reeditar la imagen de un padre al que llegó a despreciar. (Vaya, otra historia de padres e hijos y otra figura paterna ausente y/o traumatizante. Este aspecto del whedonverso daría para un psicoanálisis). En este momento, Lindsey ha alcanzado la posición relevante en el bufete por la que ha luchado, pero también  está a punto de perderlo todo. En cualquier caso, se siente acosado por el control de W&H, un control que puede ser letal, como muy bien sabe. Y empiezan los remordimientos: asesinar a niños es una frontera que Lindsey de momento no tiene estómago para cruzar. Por eso acude a Angel, se la juega, salva a los niños y por eso está a punto de perder su carrera y su cabeza. Pero entonces llega el encantador de serpientes Holland Manners, éste sí que es una figura demoniaca. Manners sabe que la ambición nunca es suficiente y que un ambicioso es la mejor adquisición para el poder que representa W & H. Manners le dice a Lindsey que a veces hay que elegir y que sólo de él depende la decisión: puede quedarse y obtener una oficina superior o puede abrir la puerta y marcharse. Sólo eso. Lindsey se queda solo, lo sopesa, se dirige hacia la puerta… y la cierra por dentro, tomando posesión de su nuevo reducto de poder. En la penúltima imagen, gira su silla tras el lujoso escritorio para contemplar a través de los ventanales las luces de la ciudad a sus pies. Y la última escena, en claro, paralelismo, presenta a Angel, contemplando la misma ciudad en la noche.

Lindsey y Angel están ahora condenados a enfrentarse porque, en el mismo escenario, los dos representan cosas opuestas: Lindsey, el humano corrompido y distanciado, desde las alturas de su lujo. Angel, el ser de la oscuridad, a pie de calle. Los dos van a disputarse la misma ciudad para bandos opuestos.
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