Darla y el Maestro, unidos para siempre


Darla y El Maestro



Esta es una pareja absolutamente fascinante. Ya desde el punto de vista estético fascina, por el obvio y extremo contraste entre la belleza mundana y resplandeciente de darla y la fealdad monstruosa, oscura y puramente vampírica del Maestro. El es un vampiro clásico, (de los más clásicos, casi un "Nosferatu" salido de la película de Murnau) y ella una hermosa mujer joven, lozana, rubia, de pícaros ojos verdes y porte de reina. No tanto cuando aparece en el tiempo de hoy en día, pero sí en los momentos del pasado, donde luce absolutamente espectacular con ricos vestidos, sombreros, peinados, sofocantes de encaje, joyas y maquillaje atrevido. Esto nos habla además de otro contraste entre ellos: Darla tiene querencia por lo mundano, el lujo, el disfrute de la vida (aunque ella ya no la posea) y los placeres terrenales. En cambio el maestro, con sus austeros ropajes negros y oscuros (tanto en el pasado como en la actualidad) y su querencia por las estancias subterráneas, lóbregas y polvorientas, está claro que tiene otro tipo de preocupaciones: el suyo es un mundo de oscuridad y vampirismo clásico, de rituales casi religiosos, de separación de la pestilencia humana, a la que desprecia como estirpe inferior.
Y con todo, ahí están, juntos desde hace cuatrocientos años.

De esta singular y llamativa pareja, con ese contraste tan acusado, llama la atención también la seguridad, en las pocas ocasiones en las que aparecen juntos en las series, de que hay algo entre ellos. Algo fuerte, real, distinto. No son sólo viejos amigos, o viejos compañeros, o dos "ex"... es algo más. Una relación en la que él parece quererla de un modo entre paternal y posesivo, y ella se deja mimar como pupila y amante favorita, pero a la que está claro que no se puede sujetar. ¿Quién podría sujetar a Darla? Posiblemente ni en vida, mucho menos ahora, con el mundo a sus pies, poder de vampiro y mucha más experiencia a las espaldas. Que Darla va donde quiere (y con quien le apetece) parece evidente. Que al maestro le sabe malo, también. Que no puede hacer nada (o que no es capaz por no dañarla) es quizás la evidencia más sorprendente de todo esto. Porque el viejo Nosferatu tiene sentimientos... y esta sí es la parte más sorprendente de toda esta historia. El Maestro quiere a Darla.

No hablamos de un vampiro cualquiera, tenedlo en cuenta. Hablamos del que nos presentan al inicio de Buffy como el Big Bad por antonomasia, y que es capaz de dominar a la Cazadora hasta en sueño. Este maestro, que quedó atrapado en California cuando intentaba nada menos que abrir la Hellmouth (siempre ha considerado a los humanos una peste a erradicar, cuado no una suerte de ganado) es el que grita de dolor a la muerte de Darla como un animal, en una escena realmente impresionante. Porque no te lo esperas de alguien como él ese derrumbarse de tal modo.

¿Y Darla? Darla ha ido y ha venido por el mundo como sin duda ha hecho toda su no vida (y su vida). Sabemos que abandonó al Maestro por Angelus, loca por el muchachote irlandés del que se prendó en una taberna, como una vieja rica que se encapricha del apuesto y viril jardinero y lo hace su giggoló. Más o menos parece algo así. Luego resulta que Darla se ha enamorado, como iremos viendo a lo largo de la serie, o al menos hasta donde es capaz de enamorarse, claro. Ella es muy particular. Abandona al maestro y las catacumbas lóbregas donde le rinden pleitesía y se larga a disfrutar del mundo y la destrucción junto a Angelus.

Pero eso no quiere decir que sea para siempre... o más bien que siempre vaya a estar a su lado. Al menos en una ocasión vemos en pantalla a Angelus informar de que Darla lo ha plantado para volver junto al Maestro, y de paso nos deja ver que no es ni mucho menos la primera vez que la bella vampiresa hace esto.  Es en Destiny, cuando Drusilla llega al hotel Royal con el recién convertido William y se encuentran que la matriarca del clan ha desaparecido. (Dejándole a Angelus las uñas marcadas en la cara por cierto). Ha acudido a la llamada de su Maestro, como sin duda habrá hecho en otras muchas ocasiones.

Y para dar más morbo a esta historia, él es su Sire: el maestro convirtió a darla en 1609, en el nuevo mundo, cuando ella se hallaba en su lecho de muerte. En una maravillosa escena donde vemos que ella es una puta, y él se hace pasar por sacerdote para acceder a su lado (y habla como si lo fuera, engañando a todos los presentes). Ha ido a verla a plena luz del día, en un día soleado, cubierto por ropajes clericales para protegerse del sol (como cientos de años después veremos hacer a su descendiente Spike, cuando va a ver a Buffy, en Sunnydale) Y que Darla, una prostituta en su lecho de muerte, a punto de dejar el mundo por la sífilis, sea capaz de darle la réplica al que cree un clérigo y decirle que es él el que debía haber pedido por ella antes y su vida habría sido más interesante, es algo impresionante de ver.
Y por encima de todo, tenemos el momento en el que el Maestro le dice que le cantó la otra noche desde la ventana: con esa frase, sea o no monstruoso, a mí me enamoró para siempre. Y por último destaco las palabras llenas de pasión, casi de rabia, con las que finaliza el diálogo el Maestro, justo antes de morderle: Dios no ha hecho nada por ti. Yo voy a hacerlo.