5X11 Damage

5X11 Damage



Written By: Steve S. DeKnight and Drew Goddard
Directed By: Jefferson Kibbe
Original on air 28/01/2004


Resumen


Una extraña muchacha psicótica con súper fuerza ha escapado del hospital, y vaga por la ciudad cometiendo desmanes. Angel y Spike juntitos (más bien pegaditos) investigan el caso y Spike sale en su busca creyéndola un caso de posesión demoníaca. Por desgracia la chica es mucho más que eso, y le da una buena tunda al vampiro, tirándolo por la ventana de un almacén, justo a los pies de Angel que venía en su busca. Es un capítulo muy spangel donde podemos ver a Angel genuinamente preocupado por que al toca narices hiperactivo de su chico no le claven una estaca.

Entremedio, aparece Andrew contando una historia ridícula de las suyas, e informa de que la chica es una cazadora. Salen de nuevo a buscarla, y Spike lucha con ella una vez más. Por desgracia la chica parece estar en contacto con las cazadoras muertas anteriormente...entre ellas las dos que se cargó Spike. En un momento de la pelea la chica inyecta un anestésico a Spike, dejándolo fuera de combate. Está loca porque sufrió espantosos abusos de niña a manos de un hombre que en su mente enferma ve con el rostro de Spike. Rescatando el instrumental de tortura de su agresor, la cazadora amputa las manos a Spike para que no pueda tocarla y hacerle daño. Angel es el que lo salva, con ayuda de su equipo, y Spike es llevado al hospital de Wolfram y Hart. Una caterva de presuntas cazadoras en plan peli de pandilleros aparecen y se llevan a la chica. (Mejor obviar toda la parte de Andrew, las estúpidas estas y la falta de respeto intolerable que suponen.)

La escena final, impresionante,, nos muestra a Spike, ya con sus manos de nuevo, abatido y triste, diciendo que él no le hizo nada a esa chica o a su familia, pero que no puede reprochar lo que le han hecho a él porque sí hizo daño a otras chicas y a otras familias. Piensa que se lo merece. Angel le dice que no, y podemos ver de nuevo la gran diferencia que había entre ellos en el pasado, quizás más que en el presente. Hablan acerca de las víctimas inocentes, y se dan cuenta de que ellos también lo fueron, hace mucho tiempo.



 

Comentario


por Ehiztari

Empate a uno.
Spike salva a Angel en Soul purpose y en el siguiente (Damage) Angel salva a Spike. Las espadas siguen en alto y cada uno de los dos vampiros ha demostrado que el otro no le es para nada indiferente. “Si no puedo matarlo yo, nadie más lo matará”- parecen haberse propuesto.

Damage es una visión alternativa de lo que puede ser el infierno de una cazadora, perdida en sus pesadillas. (De nuevo, me asalta el recuerdo desasosegante de Normal again) Además, este capítulo tiene la maldad de hacernos creer que el torturador de la niña era Spike con esas imágenes del pasado en que la muchacha lo identifica con el psicópata que destrozó su vida. En cualquier caso, que no lo sea, es algo accidental, como reitera en varias ocasiones Spike. Él no fue el asesino de su familia, pero masacró demasiadas familias de otros niños como para ser inocente. Es algo en lo que el público, llevado por la simpatía hacia el personaje, habitualmente no repara, pero que Spike (y por extensión Angel) no se permite olvidar.

El capítulo en general es bueno, pero el final, con la conversación de los dos vampiros en el hospital, es uno de esos diálogos que dan a estas series niveles de calidad pocas veces igualados. Angel y Spike miran hacia lo que han sido en el pasado, a lo que aún son, y lo hacen plenamente conscientes de la monstruosidad de su naturaleza, convencidos de que no hay expiación posible para sus culpas. “¿Debería protestar porque la suya no fue una de las muchas familias que destrocé?”- dice Spike asumiendo la dramática equivocación de la muchacha y su consecuente mutilación sin rebelarse. Jugarretas del destino, pero no injustas.

Toda esa conversación debería estar en alguna antología, por su contenido dramático, por su intensidad ética, por el diálogo preciso, por la austeridad con que está rodada (voces pausadas, penumbra), por la interpretación de James, serio, reconcentrado. (Confieso que en David no me fijé tanto)
-No me interesaba el mal; sólo lo hacía por divertirme – confiesa Spike.
- Para mí era una forma de arte. Y con esa niña… habría hecho una obra maestra.- responde Angel.
Angel intenta poner un poco de esperanza. Cree que las potenciales, el Consejo… recuperarán a la cazadora descarriada, pero Spike, con su lucidez habitual y una ligerísima ironía llena de amargura, lo niega:
- No podrán. A juzgar por el cosquilleo de mis manos, ella es un monstruo.
- Es una víctima inocente- rebate humanista y tolerante Angel.
- Nosotros también lo fuimos. Hace mucho tiempo.
Las últimas palabras de Spike, ratificadas por Angel, mantienen su impresionante tristeza sobre el fundido a negro y los títulos de crédito.
Demoledor, tristísimo, poético.

Los dos vampiros sincerándose dicen en voz alta lo que jamás habíamos oído con tanta transparencia: que son unos monstruos, que lo saben, que conviven día a día con la conciencia de su pasado y que quizás nunca haya redención posible para ellos. Que esa es su verdadera esencia y todo lo demás (el sarcasmo de uno, la voluntad de bien del otro) es accesorio. Ni Angel ni Spike nos lo habían mostrado nunca con tanta claridad, quizás porque sólo había otra persona con la que pudieran hablarlo sabiendo que lo entendía a la perfección. Angel y Spike han sido siempre opuestos (el gañán Liam y el poeta William; el malvado corruptor Angelus y el inocente corrompido; el íntegro Angel y el golfo Spike; el taciturno y el hedonista; el introvertido y el explosivo… pero ahora nos damos cuenta de que son idénticos. Cargan con el mismo peso, combaten en la misma batalla, se conocen y se comprenden mutuamente tanto como a sí mismos. Tan semejantes, tan paralelos, que no pueden esconderse nada ni pueden vencerse uno a otro. Quizás se odian porque se saben iguales, porque ven en el otro lo que odian de sí mismos. Quizás por eso también se aman.

En definitiva, Damage es otro capítulo que va in crescendo hasta culminar en esa maravillosa escena anticlimática en que por primera vez, Angel y Spike hablan de tú a tu, en una calmada intimidad que nos hace comprender cuánto pasado común no nos han contado entre ellos: eso que los fics han ido rellenando y que parecía impensable delirio de fans: Spike y Angel conversando, comprendiéndose, compartiendo su dolor, aparcando el odio y la rivalidad para mostrarse como dos seres demasiado parecidos para que entre ellos la relación no sea intensa y… afectiva. Hasta ahora -no creo equivocarme-, jamás habíamos visto entre Angel y Spike otra cosa que insultos, peleas y aparentes desprecios. Su única relación había sido de constante enfrentamiento, salvo el breve paréntesis de la segunda temporada en que Angelus utilizó a Dru y Spike como aliados. Sin embargo, en Damage, por primera vez vemos lo que ya intuíamos: que Spike y Angel están del mismo bando, aunque sean como esos viejos matrimonios que refunfuñan siempre que están juntos; que los dos son personajes admirables y que, por tanto, el enfrentamiento constante no se sostiene y, lo más importante, que pese a lo que siempre nos han hecho creer ellos, se conocen tanto que se comprenden mejor que nadie y que en el fondo se quieren.

Y al ver esa impresionante y serena escena final, el pensamiento que me asaltó esta vez fue el asombro ante todo lo que ha cambiado Spike en su andadura por las dos series. Qué lúcido (eso no es novedad), pero sobre todo, qué sereno. Spike ha alcanzado un perfecto conocimiento de sí mismo y de su naturaleza (y eso le hace conocer también a Angel) y, además, ha conseguido algo que su sire no ha logrado: Spike parece en paz consigo mismo porque ha asumido sus crímenes y su naturaleza vampírica, pero también que ahora él es distinto. Probablemente sabe que lo que hizo es imperdonable, pero también sabe que ha sido una víctima. Sigue siendo sorprendente que el protagonista, ceda ante el supuesto secundario que vuelve a superarle también en este terreno. Ya no es sólo, como tantas veces hemos visto, que Spike sea “mejor” que Angel, que William fuera una persona extremadamente sensible y buena; que, como vampiro, nunca llegara a la depravación de su mentor (Angel confiesa que él convirtió la crueldad en un arte, mientas Spike dice que sólo mataba por diversión. La verdad es que los dos son dos asesinos monstruosos, pero Spike nunca llegó al sadismo de Angel.) Es que, además, Spike no se engaña, mira a la verdad de frente, ni se auto compadece ni se exculpa, pero es también consciente de su valor como persona, de su dignidad. Me parece que ha alcanzado un equilibrio que Angel, desesperadamente ansioso de redención, está lejos de lograr.

Igual lo anterior es una apreciación subjetiva mía, pero cada vez tengo más la impresión de que el periplo de Spike por las dos series es, al igual que en el caso de Buffy, un viaje iniciático hacia su madurez. “El vampiro adolescente” lo llamaba Rafa Marín y efectivamente, el Spike que irrumpía en Sunnydale en la segunda temporada era más bien un jovenzuelo malcriado y caprichoso; encantador, pero voluble, hipersensible y apasionado como cualquier adolescente. Peligroso además, porque carecía de trabas morales y tenía a su disposición todo el poder de una inteligente criatura maléfica. Cuando la Iniciativa lo inutiliza para el mal, Spike tiene que cambiar. Unido a la fuerza a los scoobies, tendrá que someterse a sus planteamientos de defensa del bien. En principio a regañadientes y porque no puede hacer otra cosa. Primero, porque matar demonios –y más cosas que ahora no vienen al caso- es lo único divertido que puede hacer en su situación. Después, porque su pasión por Buffy le hace pegarse a su lado como una lapa y aunque le importe poco “ser bueno”, ése es el único medio para estar junto a la cazadora. (En realidad, toda “civilización” es siempre una represión de lo instintivo)

Seguirá teniendo ocasionales rabietas infantiles, seguirá siendo a veces inestable y moralmente ambiguo, pero su trayectoria le lleva a un punto sin retorno: la conquista de su alma. Y a partir de ahí –séptima temporada de BTVS- , desde mi punto de vista, Spike se convierte en el personaje más maduro, más asentado y más positivo de la serie. Yo lo caracterizaría como moralmente heroico, porque ha ganado la batalla más dura: se ha vencido a sí mismo. Ha conquistado su alma, es decir, su humanidad. Ha hecho una elección definitiva por el bien. Es decir, se ha hecho digno. No sólo del amor de Buffy, sino que ha alcanzado su dignidad. Él que tan poco se ha querido, que siempre ha sido despreciado y rechazado por todos, no sólo se convierte en el héroe salvador de los otros, sino que se salva a sí mismo y adquiere así la consideración que ha anhelado durante toda su existencia. Y en esta quinta temporada de ATS, en que Spike es claramente desaprovechado, seguimos en ese punto. Este capítulo y esta escena final creo que lo demuestra. Por desgracia, apenas se volverá sobre ello.

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