Montruosa Perfección (por inyetyemela) PDF Print E-mail

 

Montruosa Perfección

por inyetyemela


    “ Debía ser vuestro Adán, pero soy más bien el ángel caído a quien negáis toda dicha. Doquiera que mire, veo felicidad de la cual sólo yo estoy irrevocablemente excluido. Yo era bueno y cariñoso; el sufrimiento me ha envilecido.”

    Esta dolorosa súplica es pronunciada por el monstruo creado por el científico Dr. Frankenstein. Su criatura al fin volvía a tenerlo frente a sí y con amargura le recriminaba sus desprecios, su odio, su rechazo. Y cada vez que vuelvo a ese momento de la historia mis ojos se empañan de lágrimas. Pero mi sufrimiento va más allá del pobre desgraciado, porque cada vez que leo esas líneas es a William, a Spike, a quien veo enfrentándose a su Sire. Escupiéndole su odio, recordándole sus deudas, mendigando una y mil veces su amor.

    No son los únicos que se han visto privados del respeto y del cariño de sus creadores. Prometeo sufrió el mismo castigo por entregarles a los humanos el fuego, rompiendo así los esquemas del mundo de los dioses. El propio Lucifer, es un buen ejemplo de ello igualmente. Dejando aparte las “enseñanzas” de la Biblia, para los eruditos el diablo posee un significado más profundo que el de la encarnación del Mal; es la Luz, el Conocimiento. En el Génesis, cuando le ofrece a Eva la manzana lo hace con la promesa de que la hará mejor, más inteligente y poderosa. Es cierto, no miente. En cuanto prueban la fruta, son conscientes de su desnudez; por primera vez “ven” realmente el mundo y no la visión que su Creador les había permitido disfrutar. Comprendo perfectamente, por otra parte, el cabreo de Dios; dos marionetas pensantes por sí mismas no son tan dóciles ni tan fáciles de manejar.

    William y más adelante Spike, siempre fue un caso aparte dentro de los vampiros. Todos sabemos, o al menos nos gusta pensarlo, que de alguna manera conservó parte de su conciencia, de su humanidad. Tal vez como poeta que era en vida, estaba destinado a algo demasiado importante y puro, quizás poseía un alma demasiado brillante como para aniquilarla con las sombras de la muerte.

    El caso es que por mucho que se esforzara, Angelus siempre lo supo, siempre lo olió en su sangre, enfureciéndolo y obsesionándolo a partes iguales. El propio Juez, una vez ya en Sunnydale y cuando el vampiro ya se había “convertido” en Spike se lo escupió con asco: “Apestáis a humanidad”. Supuestamente se lo recriminaba a él y a su pareja Drusilla, pero como en inglés el you sirve tanto para referirse al tú como al vosotros siempre me ha quedado la duda. Y además creo que el que responde ofendido es el rubio.

 “Creedme, Frankenstein: yo era bueno; mi espíritu estaba lleno de amor y humanidad, pero estoy solo, horriblemente solo. Vos, mi creador, me odiáis. ¿Qué puedo esperar de aquellos que no me deben nada?”

    Así continúa el desolador diálogo, con un monstruo que recuerda su perdida humanidad, esa que su propio creador destruyó al darle la espalda. Se lamenta de su soledad; y de nuevo la figura de William resurge entre las palabras conmoviéndome. Spike odia estar solo. No sabe estar solo, rehúye la soledad de una manera enfermiza e incluso autodestructiva. Necesita saber que hay alguien ahí, a su lado, que se preocupa de él aún mínimamente. Lo que explica a la perfección no ya que el vampiro se atreva a buscar ayuda y cobijo en casa de sus enemigos en la cuarta temporada, sino que rehúse aprovechar las oportunidades que le van surgiendo a lo largo de la serie para, al menos, buscarse una compañía más “amigable”. Pero no lo hace. Enfrentado a la imposibilidad de hacer daño a los humanos – objeto de su ira y su crueldad durante sus largos años de solitaria cacería desde que Angelus lo abandonó- Spike se ve obligado poco a poco a dejar que William salga a la superficie. El vampiro es un superviviente y eso es en gran medida gracias a su capacidad de adaptación, de mimetizarse con el ambiente. Por eso una vez que se ve obligado a convivir con humanos, debe recurrir cada vez más frecuentemente a esa parte de sí mismo que tanto luchó por enterrar, esa que avergonzaba a Darla y que enloquecía (en el buen y en el mal sentido de la palabra) a su Sire.

     “Sin embargo, vos, creador mío, me detestáis y me despreciáis, a mí, vuestra criatura, a quien estáis unido por lazos que sólo la aniquilación de uno de nosotros romperán. Os proponéis matarme. ¿Cómo os atrevéis a jugar así con la vida? Cumplid vuestras obligaciones para conmigo, y yo cumpliré las mías para con vos” (…)

    Este fragmento me recuerda irremediablemente a LA pelea en Destiny; Spike recordándole a Angel la deuda que tiene con él. Al fin y al cabo era su responsabilidad, él sólo hizo lo que su Sire le enseñó a hacer. Se dejó guiar, golpear y modelar por su mano, dejando a un lado esa luz que aún brillaba dentro de él para ser un hijo digno de Angelus. No puede culparlo de llegar a alcanzar prácticamente la perfección en la maldad: eso se lo debe únicamente a él mismo. Porque, he aquí uno de los puntos más interesantes a mi parecer de, tanto la obra de Mary Shelley, como de la relación entre los dos vampiros. La perfección no es humana, es de hecho todo lo contrario. Y si Víctor Frankenstein y Angelus – una vez recupera el alma- abandonan a sus “hijos” es precisamente porque comprendieron que los habían hecho perfectos. Perfectos pero no humanos. En caso del científico quizás sea más fácil de comprender, ya que su intención era la de crear a un ser vivo a partir de la muerte. Angelus con alma es otro cantar. Si abandona a su Childe es porque comprende horrorizado que, después de todo, había conseguido convertir a un joven y tímido poeta en un demonio ávido de sangre, perfecta máquina de destrucción. Pero, ¿quién es el culpable último de eso? Como le reclama Spike, es de Angelus. Si ahora el vampiro se avergüenza de lo que llegó a ser en el pasado, si cada vez que mira al rubio ve cada crimen, cada pecado cometido… es problema suyo. Por mal que le pese a Angel, Spike es obra suya; es sangre de su sangre y sólo la muerte de uno de los dos romperá ese vínculo. Pero… ¿con qué derecho podría hacer eso? ¿Bajo qué premisa, tras qué excusa se escudaría? Nada de lo que su Childe hizo se puede comparar a lo que hizo él. Si su alma le ha concedido el perdón por aquellos crímenes, al menos por parte de la gente que le rodea, ¿por qué iba a ser diferente con Spike, que encima la consiguió peleando por voluntad propia?

     “¿Por qué me traes a la memoria hechos que me hacen estremecer, y de los cuales soy autor y causa? ¡Maldito sea el día, abominable diablo, en el cual viste la luz! ¡Malditas sean ––aunque me maldigo a mí mismo–– las manos que te dieron forma! Me has hecho más desgraciado de lo que me es posible expresar.”

     He aquí la cruel y egoísta respuesta de Frankenstein a su obra, maldiciéndose por haber creado tamaño monstruo, pero a la vez reconociendo su culpa. Creo que esto fue lo que me faltó ver por parte de Angel. Ni siquiera durante el enfrentamiento reconoce su responsabilidad; deja caer que él no hizo nada más que abrirle la puerta al verdadero ser sangriento y vil de su interior, pero todos sabemos (ambos vampiros incluidos) que eso no es cierto. En mi opinión, Angel debería reconocer que si Spike llegó a ser el demonio William The Bloody, fue gracias tanto a sus enseñanzas como a su posterior rechazo. Y eso es un pecado difícil de aceptar, confesar y redimir. No es fácil reconocer que rompiste con tus manos un corazón de brillante latido hasta convertirlo en un mecanismo perfecto de sangre y sombra. No es fácil reconocer que el acero que mató a un ser tan hermoso, lo empuñaba tu mano.