Darla, el tercer vampiro con alma (por Ehiztari) PDF Print E-mail

 

Darla, el tercer vampiro con alma

por Ehiztari

Todos sabemos que Angel era el único vampiro con alma, una excepción gloriosa en el submundo… Hasta que a Spike le dio por practicar su deporte favorito, ése en el que es campeón mundial: “fastidiar al personal”, con categoría especial, fastidiar a "su Yoda" . Así que Spike fue el segundo y le arrebató la singularidad al irlandés. Y con dos especímenes tan extraordinarios parecía que el cupo estaba completo.
Pero, parafraseando a Warren, que parafrasea a Obi wan (creo), “hay otro”.

Hay un tercer vampiro con alma, aunque sea un alma de prestado y por poquito tiempo. Un alma, que a pesar de eso, no es un accidente, porque –como los otros dos- se la ganó. A trancas y a barrancas, peleándose con su naturaleza vampírica, sin entender muy bien de qué iba aquello, pero sabiendo que debía ser importante, admitiendo finalmente que todo aquel absurdo, aquella penosa debilidad humana tan irritante, después de todo, quizás tenía cierto sentido; al menos a juzgar por cómo había influido en Angelus. El tercer vampiro con alma es, claro está, Darla. (Y en lugar de decir que se la ganó –tampoco lo hizo Angel-, quizás sea más apropiado reconocer que se hizo digna de ella).

Darla, (pero entonces no era vampiro, o sea que no cuenta) había adquirido su alma sin desearla junto con una condena a la mortalidad por una jugarreta de los malditos abogados del infierno; había renegado y luchado con desesperación para quitársela de encima y recuperar su poderío sin límites. Darla, resignada a morir como humana, ve finalmente cómo se le soluciona el problema de la forma más inesperada y, justo entonces, cuando ya es tarde, entiende que le han arrebatado algo importante .

Darla, que admite no haber amado nunca a nadie, reconoce en otros, sentimientos peregrinos: como ese cariño y abnegación de Angel, su ex-amante que tampoco la ama, pero que está dispuesto a luchar por ella hasta donde sea: hasta pegarle fuego, clavarle una estaca o cogerle la mano y prometer que estará a su lado hasta el fin (¡Vaya consuelo para quien ha vivido tres siglos y le han sabido a poco!).

Darla es una superviviente. Y Darla, sobre todo, es el instinto. El instinto del placer, el instinto de la caza, el instinto de supervivencia.
Recorriendo su muy larga historia, Darla siempre ha sabido salir adelante. Con el egoísmo perfecto y puro de un depredador. Descreída y amoral, su historia comienza cuando incluso en su agonía consigue engañarle a la propia muerte. Después, siguió imponiendo siempre su voluntad. Era una prostituta y ante sus caprichos tembló Europa. Le pillaba tan lejos la humanidad, que incluso había olvidado su verdadero nombre y fue para siempre Darla, la favorita del Maestro, la seductora inmisericorde, la asesina refinada, la jugadora de ventaja que no duda en abandonar a su amante Angelus a su suerte, si eso le permite unas horas para escapar a uña de caballo, mientras con una sonrisa le cita por si se da el improbable caso de que él también sobreviva. El instinto del placer y el instinto de supervivencia. Darla ejerce su ley en el Clan de los Cuatro, por mucho que parezca que es el macho alfa quien domina. No nos engañemos, el grupo siempre ha sido un matriarcado, en el que Darla es la más inteligente y poderosa y Angelus, su semental, un juguete en sus manos. Spike y Dru no pasan de ser los niños, el resto de la manada que colabora en la caza y juegan entre sí, aprendiendo de sus mayores el arte del terror.

Y finalmente Darla será asaltada por otro instinto: el instinto maternal. La más inadecuada de las madres, la que tantas vidas de niños se ha divertido segando con delectación, la que mira con repulsión su vientre hinchado y recorre el mundo intentando deshacerse de esa jugarreta absurda de un destino que NO PODÍA ocurrir, (¡Como para fiarse de los anticonceptivos!) acabará sucumbiendo al instinto maternal. Esa aberración antinatural en una vampiro que acabará llevándola a elegir la muerte, a la que tantas veces había dado esquinazo.

El destino de Darla es una broma cruel, hay que reconocerlo. Había logrado con tantas dificultades evitar la mortalidad, el alma, las miserias y dependencias de los humanos… y al final los elegirá por su propia mano. Y sólo por atesorar esas migajas de humanidad que su hijo le proporciona. Elige acabar así, cuando en su interior se refugia un alma, y antes de que se le escabulla entre los dedos junto con la vida que su cuerpo muerto no puede dar a la luz. Dramático. Hermoso.

Como Darla, terrible y conmovedora. Carne de redención, otro más de tantos personajes del whedonverso.