|
La paz ha terminado. O al menos la falsa paz de Jasmine... paz al fin y
al cabo, quizás la única que la humanidad había
tenido jamás, Y los responsables son Angel y
compañía. eso es lo que viene a decirles Lilah, vuelta
del infierno por su contrato más allá de la muerte con
Wolfram y Hart. Ay, la letra pequeña de los contratos de la
maléfica firma.
La siempre impresionante ejecutiva informa al alucinado equipo de que
en premio a su actuación acabando con tanta felicidad y
empalagoso algodón de azúcar, Wolfram y Hart pasa a sus
manos: los Poderes les ceden todo, oficinas, recursos, equipo, edifico,
la sucursal de Wolfram y Hart de Los Angeles al completo, operativa,
funcionando y recién pintada. Obviamente Angel y
compañía no se le creen y sospecha por todos lados de una
trampa pero la cosa parece ser cierta.
Lilah les dice que se lo piensen y que les espera con una limusina
antes de amanecer. Evidentemente ninguno de ellos acepta, y más
evidentemente aún, todos aparecen en el hall a la hora
señalada: Gunn, Wes, Fred e incluso Angel. Y cuando abren la
puerta de la limusina, dentro está Lorne tomando una copa y con
la música a todo gas, impagable momento.
Una vez en Wolfram y Hart cada uno de nuestros amigos es
tentado de la manera más tremenda y específica
según lo que más desean y no pueden rechazar, por ejemplo
a Fred le ofrecen la dirección de un laboratorio
científico de millones de dólares, y a Wes una biblioteca
con acceso a todo lo que pueda imaginar en cuanto a textos
místicos, incluidos los más raros de los que no hay
más que una copia, y parece que no importa ni en qué
dimensión sea. Wes ataca a su cicerone, entra en los archivos
reales y secretos de Wolfram y Hart y destruye el contrato de trabajo
de Lilah, para que ella pueda descansar al fin, en un gesto tan
caballeroso como inútil: el contrato vuelve a aparecer en el
archivo. Pero es un bonito gesto, realmente bonito, y Lilah que puede
verlo, sí lo reconoce. Lástima de pareja que no pudo ser,
y malditos guionistas de nuevo.
Angel es el que no parece ir a aceptar en absoluto, no hay
nada que le ofrezcan que parezca conmoverlo. Lilah le entrega el
medallón que le han dado los poderes para enviar a Sunnydale (el
que llevará Spike para cerrar la Boca del Infierno) e intenta
tentarlo con el parking automovilístico, la tele inmensa y los
cristales necrotemplados, y el discurso de a cuánta gente
podría salvar con todos los recursos de la firma. Angel no
parece convencido con nada de ello. Pero entremedias el inoportuno
Connor tiene que hacer de las suyas y es el que lo precipita todo.
Monta un número absurdo en una tienda, donde se encierra con
explosivos y tomando de rehenes a personas inocentes, no sabemos por
qué ni a qué fin. El imbécil lo tiene todo, parece
que lo que ahora lo que le ocurre es que no puede sentir nada. Bien,
eso estaba bastante claro que está vacío por dentro, y
por supuesto culpa a los demás. Y ese es el motivo por el que no
solo se quiere matar él (lo que estría realmente
estupendo) sino que quiere asesinar a personas, entre ellos ancianos y
niños. Realmente es un personaje que no hay por donde cogerlo.
Angel acepta un trato con Wolfram y Hart que
cambiará el mundo por completo, y que posteriormente veremos en
la quinta temporada en toda su plenitud. Y que fríamente
hablando, servirá para borrar toda esta cuarta temporada llena
de despropósitos sin cuenta, en especial el personaje de Connor,
que nunca debió de haber existido: pide un hechizo para que se
borre de la memoria de todo el mundo lo ocurrido en los últimos
tiempos, Jasmine y todo lo demás, y la figura de Connor, que
sólo Angel va a recordar. El chico es trasladado a una familia
normal, donde cree hacer nacido y crecido.
A cambio Angel acepta dirigir la oficina de Wolfram y Hart en Los Angeles.
|
|
por
Willhelmina
La cuarta termina con un capitulo que
me ha gustado bastante. En primer lugar es muy interesante todo ese asunto
de ofrecerles lo que más desean, al principio todos desconfían como es
natural, pero la tentación es demasiado grande. El único que se mantiene
en su postura es Angel, me gusta ese momento cuando le da el sol y cierra
los ojos con evidente placer, pero ni por esas, ni por la docena de
coches, ni por salvar inocentes. Lo único que lo hará cambiar de parecer
es la terrible situación en que lo pone el cachocabrón sicópata de su
hijo. Si no esta loco es que le falta poco, no sé a santo de que monta
todo ese lío con bombas, rehenes y lamentos de autocompasión. Me duele ver
la expresión de los ojos de Angel mientras intenta razonar con él y que
comprenda que lo quiere y que a su lado siempre tendrá un sitio, pero el
niñato no esta por la labor y su padre se verá obligado a hacer un trato
con W&H.
Lastima que el borrado de memoria general no nos haya alcanzado también a
los espectadores, así no tendríamos que acordarnos de este repelente
engendro. Y encima como premio a sus maldades le colocan en una familia
cariñosa para que sea feliz. El pobre Angel si demuestra ser un buen padre
que busca el bienestar de su retoño aunque este no lo merezca, yo hubiera
preferido que algún alma compasiva se cargara al monstruito.
Wes esta impagable cuando busca el
contrato de Lilah y lo quema. Tal vez no fuera la mujer de su vida, pero
la quiso y la respetó lo bastante para querer su felicidad, me gustó
muchísimo ese gesto suyo, se portó como todo un hombre y ella lo reconoce
y lo valora. Y que lastima que no conservaran a Lilah, no lo entiendo,
hubiera estado maravillosa en la quinta.
Es penoso que hicieran que Angel se
presentara en Sunnydale para besuquearse con Buffy y hablar de repostería
con el panorama que tenia en su casa, con la pobre Cordelia en coma y el
dolor de tener que renunciar a su hijo. En fin cosas de Whedon…
|