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Capítulo de impass antes del final, como suele ser costumbre.
Una asesina ciega bastante repugnante es encargada por Wolfram y Hart
del asesinato de tres niños videntes también ciegos y
repulsivos. El asunto desespera a Angel, que se plantea, imaginamos que
por innumera vez porque no es tan novato en el mundo como para andar
extrañándose ahora de cuánta mierda hay en
él, de lo corrupto que está todo y de que no se puede
ganar contra la gente como el bufete de abogados que lo controla todo.
Entremedias asistimos al momento en el que Lindsay Mcdonald decide
salirse de Wolfram y Hart, asqueado por el asunto de los niños,
y acude a Angel para ofrecer su ayuda y la manera de salvar a los tres
pequeños.
Entre todos consiguen infiltrarse, coger archivos
secretos, y una vez en la cámara acorazada Angel además
un rollo de pergamino que llama poderosa y místicamente su
atención y que resultan ser unos antiguas profecías en
arameo según indica Wesley, con todo un pasaje que habla del
vampiro con alma: la profecía ShanShu.
Angel y Lindsay detiene a la asesina e impiden la
matanza de los niños, que quedan a salvo con su cuidador.
Atrapado entre la espada y la pared pero decidido a seguir su camino,
al parecer, Lindsay tiene ante sí la que será la
oportunidad de salir definitivamente del lado del mal. Pero en el
último momento Holland Manners (que, tengo que decirlo, es
increíble cómo se come con los ojos a su niño,
vamos, qué bar-ba-ri-dad) le ofrece algo que Lindsay no va a ser
capaz de rechazar: un espaldarazo de orgullo, un despacho más
grande, y más poder. Y el chico de los segundos ojos azules
más bonitos del buffyverso se queda con papá.
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por Ehiztari
La historia de una corrupción.
La trama de la asesina ciega que planea acabar
con unos niños videntes, pschchá. El sofisticado robo de
los archivos secretos de W & H, mejor. Sobre todo, por utilizar la
inteligencia para burlar los sistemas de seguridad, como el original
truco de que para que los chamanes no detecten a Angel, Gunn monta el
numerito lanzando otro vampiro dentro de las instalaciones del bufete.
Y, además, esto supone la primera incorporación del
pandillero al grupo de Angel. Y que, así, como sin querer y por
casualidad, Angel se hace con el texto de la profecía del sanshu.
Pero sobre todo, sobre todo, éste es el capítulo de Lindsey.
Lindsey McDonald es un personaje fascinante (su aspecto
aniñado, su voz rota, su hermetismo), que siempre me ha
sorprendido. Y, además, me parece que ha sido injustamente
tratado por los guionistas. ¡Por favor, si estaba pidiendo a
gritos la redención! Lindsey camina por el filo de la navaja y
varias veces está a punto de caer del lado del bien. De hecho,
lo hace en más de una ocasión, como en este episodio,
pero al final, no acaba de salvarse. Falta de valor, supongo. O exceso
de seducción por parte del poder. (Si estuviéramos en
otra serie cualquiera, Lindsey acabaría junto a los buenos, pero
Joss nunca nos ahorra incertidumbres y errores, y, probablemente, en la
realidad, lo lógico es que Lindsey sea corrompido, como
efectivamente le ocurre. Whedon nunca nos dará una verdad
consoladora, no sé por qué aún la seguimos
esperando)
Y el final de este capítulo, su
magnífica parte final, trata de eso: de ahondar en la
complejidad de este personaje y en la incertidumbre de su
decisión. Lindsey es un niño pobre y humillado que se ha
abierto camino dispuesto a pagar cualquier precio para no reeditar la
imagen de un padre al que llegó a despreciar. (Vaya, otra
historia de padres e hijos y otra figura paterna ausente y/o traumatizante. Este aspecto del whedonverso daría para un
psicoanálisis). En este momento, Lindsey ha alcanzado la
posición relevante en el bufete por la que ha luchado, pero
también está a punto de perderlo todo. En cualquier
caso, se siente acosado por el control de W&H, un control que puede
ser letal, como muy bien sabe. Y empiezan los remordimientos: asesinar
a niños es una frontera que Lindsey de momento no tiene
estómago para cruzar. Por eso acude a Angel, se la juega, salva
a los niños y por eso está a punto de perder su carrera y
su cabeza. Pero entonces llega el encantador de serpientes Holland
Manners, éste sí que es una figura demoniaca. Manners sabe
que la ambición nunca es suficiente y que un ambicioso es la
mejor adquisición para el poder que representa W & H.
Manners le dice a Lindsey que a veces hay que elegir y que sólo
de él depende la decisión: puede quedarse y obtener una
oficina superior o puede abrir la puerta y marcharse. Sólo eso.
Lindsey se queda solo, lo sopesa, se dirige hacia la puerta… y
la cierra por dentro, tomando posesión de su nuevo reducto de
poder. En la penúltima imagen, gira su silla tras el lujoso
escritorio para contemplar a través de los ventanales las luces
de la ciudad a sus pies. Y la última escena, en claro,
paralelismo, presenta a Angel, contemplando la misma ciudad en la noche.
Lindsey y Angel están ahora
condenados a enfrentarse porque, en el mismo escenario, los dos
representan cosas opuestas: Lindsey, el humano corrompido y
distanciado, desde las alturas de su lujo. Angel, el ser de la
oscuridad, a pie de calle. Los dos van a disputarse la misma ciudad
para bandos opuestos.
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