Autor: demoniodehiel

Pairing: Spangel

Rating: NR-18

Los personajes no son míos, pertenecen a Joss Whedon, Mutant Enemy, la W.B, UPN, la FOX o quien sea que tenga ahora sus derechos, y sólo los uso para contar estas historias, las cuales si me pertenecen, y por las que no persigo ningún fin comercial.

 
Giselle


1890, la noche de Giselle por el ballet Blinnikov.


Primer Acto



Angelus entra en el teatro del brazo de Darla, pagando el palco de lujo con el dinero de la última familia noble que han asesinado y en cuya casa llevan ya unas semanas habitando. Es noche de estreno y el teatro está muy concurrido, docenas de hombres elegantes acompañados por damas lujosamente ataviadas, con sus perlas y sus recargados sombreros y sus vestidos de la última moda, traídos de París. Angelus y Darla caminan despacio, confiadamente, como si tuvieran todo el derecho del mundo a estar ahí, entre la aristocracia. Detrás de ellos Drusilla va mirando las  colgaduras de terciopelo verde con ojos muy abiertos, asombrados, los techos a cuarterones decorados con pinturas. Angelotes y escenas bucólicas. Quizás ni se da cuenta de ello porque está viendo alguna de sus locuras, como siempre. Estrellas en el cielorraso mientras ascienden despacio las escaleras alfombradas. Spike muy callado, también del brazo de su dama.
Entran al palco, Angelus ordena champán al ujier que lo mira de reojo porque no lo reconoce entre la nobleza visitante de la ciudad, sus ojos derivan hacia el anillo de Angelus, apenas perceptiblemente, extrañado. La plata es un metal vil indigno de que lo lleve un caballero, al menos en ese lujoso teatro donde las joyas de oro y gemas brillan casi tanto como las lámparas de cristal de roca. El hombre se asoma un momento al interior, hacia Spike jugueteando con el broche de Drusilla, riendo con esos ojos tan rasgados. Parece tan joven. Angelus no sabe por qué se le revuelve el estómago. Mantiene la mirada del sirviente un segundo, fríamente, suficiente para que el hombre se excuse y corra a cumplir su petición.
Angelus mira a su alrededor, los cortinajes, los altos techos, las lámparas, los adornos de pan de oro casi en cada muro. Darla y Drusilla tan hermosas con esos vestidos nuevos, con nuevos sombreros. Spike con esa levita oscura, con los botones dorados, delgado con esa cintura estrecha marcada por las ropas ajustadas, el pelo sujeto en una coleta, tan condenadamente guapo.
Darla y Drusilla se sientan, elegantemente, mirando enseguida hacia la platea para curiosear como siempre hacen las mujeres, Angelus toma asiento también y no dice nada, no se mueve mientras las voces del público bajan a un murmullo y terminan muriendo en un silencio y la orquesta en el foso inicia la introducción. Cuando comienza al fin el ballet se inclina un poco hacia delante. Spike suspira, a su lado.
-Me aburro-gruñe, Angelus aprieta los labios,  lo silencia con una mirada, el vampiro más joven abate los hombros, suspirando hondamente.
Angelus lo siente cerca y sigue sintiendo esa atracción oscura, devoradora, ese veneno dentro. Ya no se trata de intentar poseerlo y arrastrarlo consigo. Eso...lo ha conseguido ya, Spike que se enfrenta con él a cualquier peligro, a cualquier depravación. Hace tiempo que camina a su lado por los infiernos. Se trata...de lo otro. De atracción. Angelus...ha dejado de luchar contra ello. A veces se dice que lo que desea es sólo dominarlo y follarlo y hacer con él lo que quiera, como antes. Otras se da cuenta de que lo disfruta infinitamente más cuando se le entrega él y eso lo enfurece porque se ve tan débil, Angelus no soporta la debilidad.
Se pregunta si se habrá convertido en un maldito maricón.
Angelus mira hacia el escenario contemplando el transcurrir de la obra. Siempre se emociona con la muerte de Giselle, no sabe por qué. No cree que sea por la historia, que es infantil y sentimental, una pobre niña traicionada que amó a un hombre miserable indigno de ella. Quizás es sólo por la belleza de la música, el color, el espacio, el movimiento de la ballerina, maravillosamente medido y ejecutado en el escenario. Angelus tiene corazón de artista, siempre lo ha tenido. Incluso para asesinar. Nunca entenderá la burda forma de matar de Spike, no pudiendo escribir versos de sangre y modelar como el mármol el corazón de una mujer hasta enloquecerla y más tarde sus miembros blancos y todo su ser y, luego, como el escultor que ha terminado su mejor obra, matarla, perfecta y terminada.
-Dios, me aburro ¿tenemos que quedarnos toda la actuación?-musita Spike, Angelus no le contesta, sigue contemplando a la bailarina interpretando la delicada, frágil Giselle que danza con las pastoras de su aldea, ignorante de lo que le depara el futuro.
Angelus vio el estreno de ese ballet, en París, en 1841. Ya le hizo emocionarse entonces, ante la extrañeza de Darla. Lo ha visto otras veces pero nunca ha disfrutado una Giselle como la prima ballerina del Blinnikov. Mirarla bailar le produce ese ansia, ese desasosiego, tanta belleza, tan virginal y tan pura, tanto corazón y alma en cada pasito corto, en cada giro. Es sublime. Aterrador. Es lo mejor que ha visto jamás.
Contiene el aliento y se da cuenta trastornado que también está conteniendo las lágrimas. Respira hondo mientras las deja salir al fin, sobrecogido por tanta belleza, mientras las manos le tiemblan de ansias de capturarla, de trazar curvas y delicadeza y deseo y candor y suavidad en el papel y dibujarla. Spike lo vigila, de reojo, quizás impresionado por sus lágrimas. Nunca había visto llorar a Angelus y lo mira muy serio, con esos ojos muy grandes. Termina el primer acto y baja el telón. Angelus no se mueve.
-Voy por más champán-dice Spike, y sale del palco levantando un leve aroma a polvo cuando aparta las cortinas.




Segundo Acto


Angelus hace rato que se está impacientando por la tardanza de Spike cuando al fin regresa, lleva la casaca medio desabotonada y el pelo algo revuelto, una botella de champán en la mano.
-De dónde demonios vienes-gruñe Angelus, entonces le llega el aroma de mujer y encaja las fuertes mandíbulas.
-De echar un polvo-dice Spike
-Con quién-gruñe Angelus, y se da cuenta de que le ha apresado la muñeca, fuerte, y se la suelta justo a la vez que Spike pega un tirón, escabulléndose. Lo mira dejar el champán en el cubo.
-He ido a presentarle mis respetos a tu prima ballerina en su camerino.
-Qué-jadea Angelus, Spike arquea las cejas
-Es un poco casquivana-dice
-Pero qué dices, es una mujer…delicada.
-¿Sí? Pues Dios qué apretones
-¿La has...matado?
-Iba a hacerlo, para ahorrarme el puto segundo acto-dice Spike, mirándolo retador, luego alza los ojos al cielo-Pero ya sabes cómo es la gente de teatro...habrían terminado igual la maldita función con la bailarina suplente.
Angelus respira hondo, por la nariz, lo mira torvamente
-Eres un desgraciado
-Si se me ha follado ella, joder, casi no puedo salir de debajo
Drusilla emite una risita sofocada, cubriéndose la boca, Darla arquea las cejas. Angelus hierve por dentro, avanza un paso hacia Spike, que retrocede un poco, nervioso.
-Vale ya joder, déjame ya, no querías ver el puto ballet, Dios, no se cómo te gusta este rollo, eres un afeminado
Angelus vuelve al fin al asiento, muy serio, Darla y Drusilla ríen de nuevo, por lo bajo, Darla hermosísima en su vestido verde apagado, Drusilla jugueteando con los guantes largos de encaje que le cubren los delgados brazos. Spike se sienta también, pesadamente.
-Dios, qué polvazo-dice, acomodándose
-No nos interesa-gruñe Angelus
-Creo que nos han oído, joder, qué gemidos.
-¡Ya basta, chico!-dice Angelus, Spike lo mira, se inclina un poco hacia él con esa maldita cara de vicioso, la boca un poco abierta, ese gesto de la lengua descarado, provocativo, quizás midiendo si puede tensar la cuerda un poco más. Los ojos de Angelus oscuros, fríos, le dicen que sería peligroso. Spike se queda callado, hundido en el asiento.
Darla le pone una copa de champán en las manos, sonríe levemente, una sonrisa hierática quizás de gozo de que a su hombre le hayan estropeado el nuevo capricho. Angelus es obsesivo a  veces, pese a su aparente frialdad. Casi podría decirse que sus presas lo poseen por dentro hasta que las acaba. Spike acepta la copa, inclina un poco la cabeza hacia Darla, un gesto elegante tan fuera de lugar en alguien como él, que se mueve por los peores antros de la ciudad, los fumaderos, los garitos de chulos, putas y partidas de cartas que acaban a cuchilladas.
Ese cabrón de Spike le va a hacer odiar Giselle.
Angelus lo mira, serio, Spike baja la cabeza al fin, se remueve, nervioso. Se apagan las luces y la orquesta vuelve a tocar, muy suavemente, música prodigiosa mientras una espectral Giselle aparece en escena.
Angelus la mira mientras el champán se le agria en la boca. Parece la misma, pero ya no lo es. Spike la ha poseído, mancillándola. Ella se ha dejado follar como una prostituta. Quizás...lo lleva dentro todavía. Su aroma, el tacto de su piel. Su semen.
Deja la copa  a un lado mientras intenta contener la rabia. Mirarla bailar ahora interpretando a la inocente Giselle es como una burla
Debería haber sospechado algo cuado ha ido por champán…desde cuándo ese maldito Spike se ofrece voluntario para nada.
En el escenario la joven convertida en fantasma y que quiere todavía proteger a su amado causa de su muerte, salvándolo de los demonios. Intentando evitar que las Villis le quiten la vida. Amándolo con un amor inmortal que trasciende la tumba en una danza delicada, llena de dolor por el mundo perdido, llena de ansia y dulzura, dándole aliento para que resista hasta el amanecer.
-Se acuesta con el director del ballet, ese conde Kurskov -dice Spike, Angelus lo mira, de reojo-Pero creo que tiene un amante
-No me interesa
-Sabes, daddy-Spike se inclina hacia él, provocándolo, con ese gesto de la lengua, esa sonrisa burlona- Está claro que ninguno de los dos le dan lo que necesita.
Angelus se queda mirando las lámparas de cristal de roca, destellantes con el fuego multiplicado de las velas, el escenario. Spike lo vigila por el rabillo del ojo. Oliendo a sexo y a mujer, y por encima de todo a su propia piel que le enardece los sentidos. Podría matarlo cuando se recuesta hacia él mirando de reojo a Darla con ese gesto de criatura que teme que le riñan. Siente su hombro duro contra el suyo, el aroma de su pelo, Spike sonríe un poco, malévolamente, luego mira de nuevo hacia Darla y en la penumbra del lujoso palco apoya la cabeza en el hombro de Angelus, que fantasea con partirle el cuello.
No quiere imaginar a Spike encima de ella. Imaginarla moviéndose contra él mientras Spike empuja metiéndosela. Ella clavándole las uñas en ese pecho duro, pasando las manos por los músculos de su estómago mientras lo monta y el muy cabrón empuja fuerte, jadeando, y la hace correrse gimiendo de placer.
Angelus encaja los dientes mientras mira el escenario y se graban en su mente todos y cada uno de los detalles de la representación, la longitud de un paso, el arco del brazo delgado de la prima ballerina que ya no es inocente ni pura ni delicada, solo algo que se ha follado Spike. Luego entorna los ojos hacia Darla y Drusilla, la joven cogida de la mano de la vampiro rubia, las dos absortas en el escenario.
Angelus pone la mano en el cuello delgado de Spike y lo atrae hacia sí, un poco bruscamente. No se mueve mientras Spike obedece y se inclina sobre sus pantalones, desabrochándole, y casi se sorprende él mismo de la erección que lleva cuando el maldito chico empuja ronroneando contra su vientre y se mete su rígido miembro en la boca. Angelus se recuesta en el asiento del palco dejándole hacer mientras sigue la danza, acaricia los mechones casi rubios de Spike entre los dedos mientras en el escenario amanece, mientras el traidor Albrech salvado por Giselle echa a andar saliendo del bosque, lejos de los fantasmas y las sombras. Angelus mira el escenario fija, empecinadamente, mientras Spike le hace una mamada profunda, experta, y se corre en su boca empujando con un gruñido ronco, los movimientos, los acordes finales de la Giselle del Blinnikov dentro de su cabeza para siempre.



FIN