El
Destino. Esa fuerza misteriosa e intangible que juega con nosotros,
moviéndonos a través de la vida como piezas de ajedrez.
Destino, ese traidor que se burla de nosotros y que siempre acaba
encontrándonos.
En el Whedomverso, como en la vida real, siempre
juega al esconder con los personajes, traicionándolos en el
último minuto.
Si nos paramos a pensarlo, en la relación
entre Spike y Angel, se alía además con el Veneno, dando
como resultado un desastre de heridas abiertas y rencor. Y en este caso
en particular el veneno posee nombre propio: Angelus. No podía
ser de otra manera, claro. Narcisista y ególatra, todo
tenía que girar a su alrededor.
Mucho hemos escrito y debatido sobre la
relación con el joven William. Cómo éste siempre
mantuvo parte de su humanidad, una inocencia luminosa que se le
escapaba por los ojos, y cómo eso lo convirtió en la
obsesión de Angelus: destruirlo y caminar sobre los pedazos.
Desde el primer momento William se
sintió atraído por el poder, la oscuridad, el salvaje
magnetismo que emanaba del otro. Exponer su palma de la mano a la
mortífera luz del sol apenas dados sus primeros pasos en la
Oscuridad fue mucho más que un acto de bravuconería
temerario; fue una declaración de principios: “quiero ser
como tú, quiero que me admires como yo te admiro”…
¿quiero que me quieras como yo a ti, tal vez? Conociendo el
historial de Spike, no queda lugar para muchas dudas.
A partir de ahí William se puso en manos de
Angelus, en una sangrienta carrera para llegar a ponerse a su altura y
ganarse su aceptación y afecto. Pero había un
pequeño problema: los demonios sin alma no pueden amar, no de
manera humana, y esa es la maldición del joven vampiro, porque
él sí que puede. Una capacidad para amar que no le
servirá más que como fuente de sufrimiento, tanto
físico como emocional.
Con Angelus cerca el rubio tuvo que aprender
rápido, y sobrevivir exigía un precio muy alto, una
maniobra radical: matar a William.
Durante mucho, a todas luces, pareció que
Angelus había conseguido su propósito. Como un ave
fénix oscuro, forjado a hierro y fuego resurgió Spike,
príncipe oscuro, salvaje corcel de sangre y sombra.
Corría entre gritos de terror bajo lunas
púrpuras, corría sobre los cadáveres que él
mismo desangraba. Corría demasiado rápido, tanto que
Angelus debería haber comprendido. Pero su vanidad y su soberbia
le impidieron ver más allá de sí mismo y
así se lo reprocha Spike durante su enfrentamiento en Destiny
“You never knew the real me…Too busy trying to see your
own reflection”.
Nunca llegó a ver la verdad… o la
mentira, la farsa que Spike era en realidad, precario escudo bajo el
que seguía latiendo el tímido William, hambriento de un
amor que sólo él era capaz de sentir. Amor que aún
sin ser correspondido se resistía a morir, alimentándose
de las migajas que encontraba; un pequeño gesto de Angelus, un
beso agridulce de Drusilla…
Como un experimentado maestro de ajedrez el Destino
fue así preparando el tablero, disponiendo las piezas, con un
Angelus glorioso en el centro, principio y fin del Universo, rey oscuro
en la cima del mundo. Hasta que en una jugada macabra, una
maldición le devolvió su alma, arrebatándole todo
lo demás, cambiándolo todo.
Angelus se marchó y Spike fue dejado
atrás, con el dulce William temblando bajo el disfraz. El dolor
actuó entonces como la llama que prende la mecha de una bomba.
La explosión que vino poco después tenía nombres y
apellidos: Spike, William the Bloody, y provocó una onda
expansiva que lo arrasó todo a su paso, hasta llegar a la noche
en que asesinó a su primera Cazadora en China.
Para entonces Angel(us) ya había vuelto y se
produce entre ambos un doble juego de sombras y espejos. Uno trata de
ocultar su recuperada alma por miedo al rechazo y la soledad, y el otro
entierra aún más su parte humana con la esperanza de ser
al fin un vampiro digno de su Sire, lo suficientemente bueno para hacer
que se quedara con ellos, con él.
El final de aquel encuentro lo sabemos todos. Angel es incapaz de
permanecer con su familia, porque mirándolos recuerda cada
crimen, cada atrocidad, algo que le perseguirá siempre y que muy
bien le apunta Spike durante su enfrentamiento: “Cause every time
you look at me you see all the dirty little things I've done, all the
lives I've taken... because of you!”
Así Angel se marcha, dejando por segunda vez
a su Childe, y he aquí la tragedia. Porque si el moreno se
hubiera detenido a mirar a Spike a los ojos, si se hubiera parado a
verle de verdad, habría distinguido allá en el fondo de
su sangre y sus pupilas, a William, y habría podido
llevárselo con él. Tragedia porque si Angelus no hubiera
sido el bastardo de Sire que imaginamos, Spike nunca habría
existido y William hubiera podido igualmente partir con él
aquella fatídica noche.
Lo triste, lo cruel, es que Angelus aún sin
estar presente ya, les robó cualquier posibilidad. De nuevo esa
noche el Destino se burla de ellos, separándolos durante
años, décadas… hasta que los reúne
más de un siglo después en L.A y bajo la excusa del
Cáliz, los pone frente a frente, luchando por todas esas veces
que no lo hicieron, abriendo sobre sus cuerpos las antiguas heridas de
sus corazones muertos. Y claro, llegados a este punto, la victoria
termina en manos de Spike, víctima desde el principio.
Víctima de Angelus, del amor, del olvido; víctima
obstinada y tenaz del y contra el Destino.
Se lo escupe. Entre golpe y golpe, se libera de sus demonios y le
echa en cara cada daño, cada lágrima, cada gota de
desesperación.
Una vez recapacitado sobre todo esto me resulta
más que llamativo el título del capítulo
más spangel de la serie, más profundo y con mayor carga
emocional: Destiny.
Destiny porque nos habla de las dudas de Angel
acerca de su misión, su papel como héroe, dudas acerca de
su destino.
Destiny porque hace tambalear la torre de marfil
desde la que miraba a su Childe que no sólo resulta como
vencedor de la pelea, sino que se sitúa por encima de él
moral y emocionalmente. “I'm nothing like you!” le replica
furioso y herido, pidiendo el reconocimiento que se merece,
introduciéndose en la ecuación, reclamando su sitio como
Campeón; Spike ha conseguido domar las fuerzas contrarias de la
naturaleza, salió en busca de su destino y lo ganó a
fuerza de sangre y coraje; “Cause I knew it was the right thing
to do. It's my destiny”
Y finalmente, Destiny por lo que pudo haber sido y
no fue. Destiny porque Angel tuvo en sus manos su destino y el de Spike
aquella noche de 1900 en China y lo estrelló contar el suelo al
no ser capaz de mirar más allá, de ver más
allá de sí mismo… sí, Destiny.